Cómo entender el miedo que no comprendemos

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Existen miedos que están en nosotros y nos acompañan en la oscuridad, cuando estamos en la cama y nos esperan impacientes tras la puerta. Estos temores inspirados en traumas de la infancia o en historias puntuales terminan calando hondo. Son la sombra en la distancia con la que el escritor tiene que jugar para hacer del miedo psicológico todo un arte.

 

Estamos ante una empresa que no resulta fácil, dado que este tipo de miedos se forman en nuestra mente, atienden a nuestro mundo subjetivo y se alejan del terror más gráfico presentado a través de monstruos, brujas, vampiros, zombis, casas encantadas y cantidades industriales de sangre.

 

Con el terror psicológico se va más allá. El escritor indaga en su yo mismo escarbando en propios miedos, profundizando en la parte racional y lo que no lo es tanto para lograr que se proyecte la tensión de principio a fin, en un ejercicio complejo disfrazado de naturalidad.

Cómo entender el miedo que no comprendemos

Tres básicos en una novela de terror psicológico

1. La indefensión

Por extraño que parezca, si nos involucramos en un libro que cuente en su trama con terror psicológico, debemos saber que irremediablemente sentiremos la experiencia de estar completamente indefensos, aunque estemos sentados y seguros en el sofá más confortable del mundo.

 

Esto sucede porque se agita conscientemente nuestro instinto y en una pura lucha por la supervivencia perdemos la perspectiva racional y nos sumergimos en el mundo ilógico, para simplemente ponernos a salvo apelando a nuestra primera corazonada.

 

¿Cómo se consigue despertar esa sensación de indefensión? Utilizando visiones borrosas, pasos en la noche, objetos que se mueven sorprendentemente sin que nadie los porte/impulse, una pesadilla recurrente que atormenta o también portazos que retumban como un eco en nuestra cabeza.

 

2. La noche y la oscuridad

No es casualidad que los momentos de gran tensión de una novela se produzcan durante la noche. La oscuridad forma parte inherente de la trama y contribuye a generar más miedo en la atmósfera. Así, las sombras, penumbras, distancias y sonidos cobran su máximo esplendor amparadas por las tinieblas.

 

Para más inri del lector se suele combinar el dúo noche y oscuridad con clichés del tipo persecuciones jadeantes en las que el escritor pone especial cuidado en que la precisa linterna no funcione o las llaves no abran la puerta clave. El hecho de llegar a sentirte asfixiado y con el corazón en un puño es un buen indicador de que estás generando un miedo psicológico mucho más potente que cualquier intervención ocasional de monstruos.

 

3. La utilización del factor paranormal

La pasión por los espíritus no es exclusiva de Íker Jiménez, por lo que cualquier relato que se aderece con episodios paranormales conseguirá a buen seguro despertar en el lector un miedo innato y a la vez incomprensible, tan característico de este género.

 

Esto se logra a través de la insinuación en su justa medida junto con las dudas que rodean al mundo paranormal. La idea es hacernos chiquititos y desconocedores para ponernos con esos interrogantes los pelos de punta huyendo del terror más convencional.

 

La fórmula clave siempre será no saber nada y recibir durante la trama píldoras informativas, conceptos inesperados que nos harán irremediablemente pensar y replantearnos el argumento. La máxima es que el hilo conductor gire en torno a los miedos e inestabilidad emocional de los protagonistas.

 

Miedo psicológico hecho novela

Para comprender este miedo que no vemos fácilmente y que prescinde de casquería, tenemos que tener en mente que el fin es incomodar al lector, aprovechar sus vulnerabilidades emocionales para ahondar en las zonas inexploradas de la mente humana.

 

No estamos ante historias de monstruos, sino de lo monstruoso que vive en nosotros y aquí tienen cabida todo tipo de sensaciones que nos despiertan miedos: la soledad y el aislamiento, que llevan a los niños protagonistas de El señor de las moscas a gobernarse en el caos, bajo ritos siniestros y el propio sacrificio humano. Esta es una lectura clave para entender la esencia del terror psicológico.

 

Y si queremos conocer el horror en estado puro, no podemos dejarnos una de las lecturas más impactantes encuadrada en este género. A través de las páginas de Flores en el ático se describe a la perfección la maldad humana, la crueldad desmesurada por la codicia, que afecta a los mismos vínculos existentes entre una madre y sus hijos. De telón de fondo, un ático para esconder los pecados del mundo.

 

El miedo que más nos atormenta no busca como únicos escenarios un bosque perdido o una casa encantada llena de almas en pena que no se resignan a abandonar el antiguo hogar. La mente de un escritor atormentado y alcohólico puede ser suficiente para despertar una serie de impulsos homicidas.

 

Una idea que Stephen King enmarcó a la perfección dentro de un hotel perdido y abandonado en el crudo invierno con su obra cumbre, El Resplandor. Bajo estas páginas se plasma la representación más clara de la convivencia del yo mismo con los demonios internos y lo paranormal.

 

El hecho de esconder una identidad perversa bajo una apariencia natural para actuar atrozmente libre de culpa y de remordimientos se nos presenta con El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Una estampa estudiada que busca atormentar al lector con el juego cruel de la doble personalidad en una faceta poco usual de plasmar con extraordinario acierto el terror psicológico.

 

El miedo es libre y se puede manifestar de diversas formas, pero la diferencia más notable del terror concreto que aquí analizamos con respecto al resto de historias de monstruos, lo encontramos siempre en el análisis en profundidad del individuo, su alrededor y del conflictivo choque de su mente con el mundo.

 

Es un miedo más difícil de conseguir porque no juega a ser visible, pero despierta una desazón grande en nosotros al tambalear nuestras emociones. Si estamos ante ese pavor que nos zarandea y toca los interruptores de nuestra cabeza bajo una permanente tensión que no sabemos explicar, es que vamos entendiendo ese terror que a priori no se comprende fácilmente.

Cómo entender el miedo que no comprendemos

Nuestra pregunta

¿Con qué recursos sacarías más partido para provocar miedo psicológico?

30 años. Periodista y escritora de vocación. Cofundadora de La vida de color caoba, un espacio perfecto para que las letras e ilustraciones bailen en armonía. Escribir es una forma de vida, ver el mundo con detalle para poder enseñárselo a los demás.

Discussion5 comentarios

    • Es fascinante lograr esa sensación de miedo sin necesidad de ser tan gráfico con la sangre y vísceras. Para tomar buena nota de ejemplos que hacen justicia a este terror destacan:
      El coleccionista de John Fowles
      Psicópata americano de Bret Easton Ellis
      El asesino de cisnes de Auguste Villiers de L’isle Adam
      Carta de un loco de Guy de Maupassant
      Espero que los disfrutes y los sufras 😉

  1. No recuerdo el título de una película que vi hace muchos años y me impactó. El protagonista llegaba a un pueblo, formaba una familia y se rodeaba de amigos. Después, poco a poco, cada uno de ellos se iba descubriendo como un ser perverso que intentaba atormentar su vida. La sorpresa de que los personajes en un principio apuntaran en una dirección y la sensación de aislamiento en la que se veía inmerso el protagonista me resultó brutal.

    • Esa sensación de desamparo es un miedo muy general del que se habla mucho menos. Como bien dices, de impacto total. Lograr eso es un auténtico éxito del escritor de este género.

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