Desde El Libro del Escritor, traemos una nueva crítica creativa, después del éxito obtenido con Percy Jackson. Os recordamos que estas críticas están centradas en las técnicas narrativas utilizadas por los autores, evaluando su uso correcto o incorrecto y cómo se podría mejorar para obtener una mayor eficacia (si desconoces qué diferencias hay con una reseña, este artículo es para ti).

 

El objetivo es que los escritores podamos aprender los trucos que emplean nuestros compañeros y evitar repetir sus errores.

 

Estas críticas están pensadas para ser disfrutadas una vez se ha leído el libro o haciendo lectura simultánea, para poder captar todos los matices que aquí se explican con el texto delante. Hay un enlace a Amazon para comprar el libro al final del artículo.

 

Os presentamos La caída del Inmortal, una novela juvenil muy peculiar con toques de fantasía, que no dejará indiferente a nadie.

 

Realizamos el 29 de agosto el sorteo de un ejemplar dedicado, una camiseta y marcapáginas. La ganadora fue Adriana Hawes-Mayayo.

Biblioteca de El Libro del Escritor: La caída del Inmortal

Hacemos una breve sinopsis:

Arturo es un adolescente que vive sin motivación alguna en un barrio marginal hasta que conoce a Pablo, un chico con mucha imaginación, que le enseñará el valor de la lealtad, el altruismo y la perseverancia mediante su don: puede transportar a sus mundos de ensueño a cualquiera que esté dispuesto a imaginar.

 

El autor, Pablo J. Gutiérrez, es un joven granadino de 26 años que nos presenta su segunda novela después de publicar El sucesor en 2011, escrita con tan solo 17 años. Es un escritor muy comprometido que destinará parte de los beneficios de las ventas de La caída del Inmortal a la Fundación Juegaterapia, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a los niños enfermos de cáncer a través del juego.

Los pros

El elemento que más destaca de esta novela es la narración del paso de la infancia a la madurez del protagonista, característica de las novelas juveniles, con particularidades extraídas de la fantasía, como es el don de Pablo.

 

De hecho, la fantasía es tan secundaria que la historia podría funcionar perfectamente sin el factor mágico, y esta solo sufriría ligeras modificaciones que no alterarían los valores que transmite.

 

En consecuencia, La caída del Inmortal tiene altas dosis de reflexiones morales próximas a la autoayuda, muy centradas en el autoconocimiento, en las cuales se realizan pequeños ensayos sobre temas como la pobreza, el bullying, las guerras, la amistad, etc., muy presentes en el día a día de los adolescentes, pero con ideas que pueden trascender a otros rangos de edad.

“–¿Por qué empezó esta guerra?

–La seña de identidad del hombre, lo que le diferencia de cualquier otro animal o raza, es siempre la misma: la ambición. Unos promoverán una guerra para hacer historia y se recordados; otros, para destruir esa misma historia y reescribirla a su manera”, página 49.

Continuando con los temas que trata, realiza una reflexión a través de su relato sobre la fantasía como recurso evasivo que puede alejarnos de la realidad hasta perder el contacto con todo aquello que nos rodea.

 

Los personajes secundarios de Pablo y María sirven de contrapuntos extremos entre sí con el protagonista como eje central: mientras que Pablo representa la imaginación desbordada, María encarna la lógica, siempre con los pies en el suelo.

 

El relato, estructurado en 23 capítulos de apenas 5 páginas cada uno, permiten un ritmo de lectura rápida, y además contienen varias ilustraciones intercaladas.

 

Asimismo, el autor tiene un estilo que se nutre de recursos literarios como el asíndeton, gran cantidad de comparaciones para nada tópicas o el uso no abusivo de puntos y comas, un recurso que muchos autores suelen desestimar.

“un barrio marginado, olvidado, triste”, página 13. Ejemplo de asíndeton.

“Cuando me asomaba a ala ventana y observaba el «mundo real», agachaba la cabeza, me dejaba caer en la cama como un árbol recién cortado […]”, páginas 13-14. Ejemplo de comparación.

Las descripciones que realiza Pablo para ilustrar su mundo de fantasía están muy logradas y realmente consiguen que tú también te sientas partícipe de esa aventura. Asimismo, cuando está centrada en las narraciones de Pablo, el autor sabe introducirte y extraerte del relato a su antojo.

 

También cabe recalcar que La caída del Inmortal contiene algunas conversaciones muy interesantes. Además, tiene un par de escenas que funcionan muy bien y consiguen aquello que pretende el escritor. Se recomienda leer con especial atención la escena de la madre de Pablo y la descripción de la torre del mago.

 

Otro punto muy interesante es la introducción de personajes de la mitología nórdica. Aunque, contando que el público joven será un gran desconocedor de estos personajes, debería contextualizarlos y explicarlos con mayor profundidad. Podría servirse de ejemplo cómo lo logra R. Riordan con Percy Jackson.

 

Así que esta novela puede ser un buen punto de partida para aquellos jóvenes que desean empezar a leer fantasía, pero no quieren verse con el agua por el pecho, sino solo mojarse los pies en este género.

Crítica creativa: La caída del Inmortal

Los contra

Tanto en la solapa como en la narración se cita a Einstein: “La imaginación es más importante que el conocimiento”. Y este libro es el ejemplo de que esa afirmación no es correcta.

 

A P. Gutiérrez le sobra imaginación, pero le faltan conocimientos en escritura creativa. Se puede observar en los errores que hay en este libro, porque son los que cometen a menudo los autores noveles.

 

Así que esta novela puede servir a los nuevos escritores para intentar no caer en los fallos que hemos cometido todos (incluida una servidora) al introducirnos en el mundo editorial.

 

El inicio

Para empezar, la sinopsis de la contracubierta es demasiado extensa y no sabe resaltar los puntos realmente interesantes de la novela, que son el poder de Pablo y las reflexiones sobre autoconocimiento.

 

El capítulo 0 es el punto de partida y todo el relato es una analepsis que volverá a este punto en el último capítulo. Tiene la función de causar misterio, pero no acaba de funcionar porque el capítulo 1 es demasiado introductorio y se podría combinar con el siguiente para evitar la sensación de que la historia no acaba de arrancar.

 

También se produce un error con el narrador, que es en primera persona, pero que se muestra omnisciente explicándonos lo que piensa y siente el resto de protagonistas. Este hecho se podría solucionar con facilidad mostrando duda o realizando suposiciones en lugar de afirmar.

 

Todos los personajes son planos y únicamente sirven como comparsa del protagonista, que sí muestra una evolución. Además, todos hablan igual, desde Pablo hasta su profesora, un error que se suele producir por la falta de experiencia cuando se manejan varios personajes.

 

El vocabulario que utilizan todos ellos es de un nivel formal de habla que no se adecua con el tipo de novela que es, juvenil, que requeriría un vocabulario adaptado a la edad de los lectores. Además, escribir toda la novela a ese nivel de habla es muy difícil si no se posee una gran cantidad de vocabulario y, en ocasiones, carece de sinónimos.

 

Se debería utilizar un nivel informal, que no coloquial, para hacer más verosímil la novela. Cabe recordar que los tres personajes principales tienen 15 años y hablan a un nivel que no correspondería, con la excepción de Pablo, que se puede entender que es un niño prodigio.

 

Sin embargo, se producen incoherencias como que María, después de mostrar un nivel intelectual  y de madurez elevado para su edad, dice que le gustan “las historias de princesas y caballeros”.

 

Otro error es la falta de situación espaciotemporal del relato. Sí que nos indica en el capítulo 0 que es un día gris de principios de diciembre, pero en la analepsis no sabemos ni cuándo ni dónde estamos. De pronto, en el capítulo 4 los personajes están paseando por una explanada de Granada y nos dice que es diciembre.

 

Al lector hay que situarlo lo antes posible, en el primer párrafo del relato a poder ser. Además, no marca después el paso del tiempo con precisión y no se tiene una referencia del tiempo que transcurre, relevante para evaluar la importancia que adquiere la amistad entre Pablo y Arturo, por ejemplo.

 

En esta línea, los cambios de escenario no están marcados. Normalmente se utiliza un doble espacio en la narración, pero en toda la novela los párrafos son seguidos, provocando que en una línea estén en el instituto y a la siguiente en casa de Pablo sin indicarse el cambio.

“La mayoría de los tiranos son unos cobardes que viven a la sombra de un ejército de esclavos arrastrados por las circunstancias y la necesidad. La historia de los grandes siempre ha sido escrita por la sangre anónima de muchos. Démonos prisa, la noche acecha y será fría. Debemos buscar algún lugar protegido“, página 49.

 

El estilo

Varias veces se observa que el autor juega a utilizar adjetivos de tres en tres. Esta podría ser una característica de su estilo como escritor, pero se produce un abuso del recurso y llega a producir monotonía.

“Era un lodazal insano, perdido y rodeado de miseria; un barrio marginado, olvidado, triste“, página 54.

Como ya se ha comentado en otros artículos, un escritor demuestra su habilidad con el lenguaje cuando encuentra el sustantivo o verbo preciso, sin necesidad de complementarlo con una cantidad redundante de adjetivos o adverbios. El autor tiene dependencia de modificadores para describir y matizar.

 

En esta línea se produce repeticiones de frases concretas por toda la novela, como cada vez que lanzan flechas se utiliza la frase “lluvia de flechas”. Lo mismo ocurre con “blanco de las burlas” o “pelo enmarañado”.

 

Como escritor que aún le falta bagaje, P. Gutiérrez se nutre de tópicos que ya han sido tan usados por otros autores con anterioridad que no sorprenden al lector. Sería el equivalente al hecho que ocurre con las películas de serie B, que son un reciclado de ideas viejas que antaño funcionaron. Se ha hecho una selección de tópicos de la novela a modo de ilustración.

“Rasgué algo nervioso el envoltorio y al ver su contenido, mis sentidos se nublaron, dejándome caer en el sofá aturdido por la confusión“, página 11.

“Lo que más llamó mi atención de sus gentes de aspecto agradable, aparte de su enorme altura, fue la bondad que se percibía en sus rasgos. No había duda de que debían de ser tan grandes de corazón como de tamaño“, página 70.

“Sorprendía su pelo largo, negro como la oscuridad más cerrada; de no ser por las arrugas de su rostro cansado, que delataban sus muchos años, habría sido difícil saber que era un anciano. Lo que más impresionaba de él era su aguda, penetrante e inquietante mirada, que parecía escudriñar en lo más hondo del alma a todo el que estuviera delante“, página 72.

Otro de los tópicos que utiliza de manera recurrente es la resolución de conflictos en el último instante o utilizar los timbres/despertadores como salvación para preguntas incómodas, por ejemplo. O la combinación de ambos, como ocurre en el ejemplo, en el cual están en pleno conflicto, “a punto de” tener problemas cuando el hermano de Pablo les despierta del sueño, a modo de despertador.

“Estaban a punto de lanzarse contra nosotros cuando retumbaron unos fuertes golpes. […]

–¡Vamos, que llegáis tarde! –dijo una voz a lo lejos”, página 50.

En múltiples ocasiones, no tiene un control del ritmo de la novela y se producen desajustes. En un momento en particular, los protagonistas se enfrentan a tres monstruos en apenas 10 páginas. La sensación que tiene el lector en estos pasajes es la de ver al narrador montado sobre un caballo embravecido al que no logra dominar.

 

Algunos fallos de engranaje

Así como se comentaba que las descripciones de los diálogos de Pablo están muy logradas, faltan descripciones del mundo imaginario que plantea la narración. Podría sacarse mayor partido si lograra que el lector pudiera imaginar el escenario con precisión.

 

Además, se produce una ruptura del pacto con el lector cuando se introducen personajes de la mitología nórdica, ya que de repente, el mundo imaginario no es ficticio, sino mitológico, con elementos “reales”. Si se van a utilizar elementos que no hayan sido creados por el autor, estos deberían ser presentados al principio justamente para que el pacto no se rompa.

 

De igual manera, se podría sacar mucho más partido a todos los elementos mitológicos y convertirlos en un punto central del mundo imaginario, pero apenas los utiliza como escenografía.

 

Asimismo, se producen una gran cantidad de situaciones y conversaciones absurdas o inverosímiles, entre ellas la que más destaca es la aparición del personaje de María.

 

Esta adolescente conoce a Arturo, aunque él a ella no ni la ha visto con anterioridad. No va a su clase (aunque se supone que sí a su instituto) y él ni siquiera le pregunta de qué le conoce entonces, ya que parece saber bastante sobre él. Y, tras página y media, se han enamorado, sin marcar el paso del tiempo ni introducir en profundidad al personaje. Simplemente, de pronto, forma parte de la historia.

“–¿Estás bien? Desde ayer te noto algo raro dijo, sacándome de mi ensimismamiento.

–Sí –contesté confuso–, perdóname, quizá sean demasiadas emociones en poco tiempo. ¿Eres María?

–Claro.

[…] Los días pasaron y continué viendo a María. Hablábamos casi a diario, la conocía cada vez mejor y me sentía más cómodo con su compañía.

[…]

–¿Tú estás enamorado, Arturo?”, páginas 61-63.

Crítica creativa: La caída del Inmortal

La responsabilidad de la editorial

Pero parte de los errores que se observan en la novela también se podrían haber evitado por parte de la editorial. Hay una gran cantidad de faltas de ortografía que denotan el descuido (o desconocimiento) del corrector de la novela. Nos referimos, por ejemplo, a vocativos mal escritos:

“Alégrate Arturo, a pesar del frío…”, página 14.

Asimismo, casi todos los verbos no dicendi están incorrectamente escritos en las acotaciones.

“–¿Por qué no vas a clase? ¿Estás enfermo o es que…? –no me atreví a continuar”, página 19.

En esta línea, me gustaría resaltar que en casi todas las interacciones utiliza verbos dicendi, produciéndose frases tan redundantes como la siguiente:

“–¿Gran Guerra? –pregunté”, página 50.

Como solución, sería mucho más efectivo utilizar las acotaciones en mostrar la kinesia y la proxemia del personaje.

 

Además, hay monólogos que duran varias páginas. Sería más efectivo utilizar este recurso para ir intercalando los movimientos de los personajes con el largo parlamento.

 

Mi PoV

De nuevo, he de destacar que no soy su target, pero los errores que se producen no tienen relación con la edad a la que la he leído. Como novela de introducción a la fantasía o para aquellos jóvenes que están teniendo una mala adolescencia, puede ayudarles a encontrar en los mundos imaginarios una evasión. Además, los mensajes de autoayuda pueden ser muy útiles, independientemente de la edad a la que sea leído.

 

Pero resulta especialmente útil para los escritores que están empezando el poder observar los errores que cometen otros autores noveles para así tratar de evitarlos. Como ya he dicho, todos hemos pasado o pasaremos por esto.

 

Por lo tanto, creo que las próximas novelas de Pablo J. Gutiérrez serán mucho más acertadas al contar con la experiencia que le faltaba en esta.

 

Nuestra pregunta

¿Cómo evitáis caer en los tópicos?

 

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6 Comments

  1. PavloSerrano Reply

    Bravo por el post. No sólo es atractivo sino útil para el lector y didáctico para los escritores. Chapó.

    • Muchas gracias por tu comentario 🙂 Nuestra intención es que de cada lectura se pueda aprender todo lo posible.

      Así que nos alegramos de ver que funciona. ¡A seguir escribiendo!

  2. Coincido plenamente con el análisis después de leer el libro.
    Personalmente lo que más me chirría es el lenguaje “plano” e igual para todos los personajes. Elegir un narrador personaje en este caso creo que no ha sido acertado, además de que no cuadra el lenguaje utilizado en los diálogos con los personajes.
    Tengo que decir que en algunos tramos el libro me aburrió, precisamente por ese lenguaje demasiado culto y monótono, y también porque a veces parece que intenta meter los tópicos con calzador, dando por hecho que el lector los conoce. Y para el lector poco asiduo a la fantasía como yo la falta de referencias hace que te pierdas un poco.
    Por lo demás, me gustó el libro y el mensaje, creo que como dice Meri el público adolescente puede disfrutarlo mucho y aprender de él.
    Lo de las faltas de ortografía… qué decir que no se haya dicho ya, aunque visto lo visto no son tantas 😉

  3. Nazaria Delgado Lucero Reply

    Un análisis hecho paso a paso fue para mi valioso en estos momentos de aprendizaje.Felicidades

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