Literup os trae una nueva crítica creativa (si desconoces qué diferencias hay con una reseña, este artículo es para ti)

Ahora que llega el frío y dan ganas de quedarse en casa ¿Qué mejor compañero para esas largas tardes lluviosas que un buen libro? Por eso hoy os traemos La pieza invisible.

Si fueras el detective más grande de los Mossos d’Esquadra, ¿te echarías atrás a la hora de investigar el suicidio de ese viejo amigo? ¿Y si nada fuera lo que parece ser y terminaras destapando al traficante ruso más importante del país? No, no es el argumento de la nueva serie de detectives de la televisión. Seguidnos por las páginas de esta novela.

Realizamos el sorteo de un ejemplar desde el martes 3 de octubre hasta el martes 10 de octubre en nuestra página de Facebook.

Como en otras ocasiones, os recordamos que estas críticas se disfrutan más si se ha leído el libro o se está haciendo lectura simultánea, para poder entender todos los elementos que aquí se explican con el texto delante. Hay un enlace a Amazon para comprar el libro al final del artículo.

Críticas creativas: La pieza invisible
Comencemos con una sinopsis para entrar en materia:

24 de agosto de 2012. El inspector Marcos Vidal se suicida lanzándose desde lo alto de su edificio.

César Giralt, antiguo compañero del fallecido y gran inspector de los Mossos d’Esquadra, recibe la visita de Celia Rivas, la cual le suplica que le ayude a demostrar que Marcos fue asesinado. Desgraciadamente, el inspector solo le da negativas y, en consecuencia, Celia aparece muerta en su casa pocos días después.

Lo que en un principio parece un suicidio doble se convertirá en la caza personal de César Giralt en pos de la verdad.

Pedro Martí Martínez nació en Albacete en 1988. Actualmente trabaja como profesor de inglés en Murcia. Su afición por la lectura viene desde muy pequeño, al igual que sus ansias de escribir cuando jugueteaba con la vieja Olivetti de su padre.

 

Los pros

César Giralt

Lo primero y más esencial de una buena novela de detectives son los personajes grises, esos protagonistas arrogantes y sarcásticos que en el fondo tienen un corazón que sangra.

«César recordó a su hermana. Habían pasado ya cuatro años, pero seguía siendo incapaz de borrar de su mente la nítida imagen del cuerpo desnudo de Eva tapado por una sábana».

César Giralt es orgulloso, pasota, cínico, hasta en algunos momentos cruel y, a pesar de trabajar con las fuerzas de la ley, se salta las normas más de una vez como cuando golpea a un sospechoso en un interrogatorio.

«—Reformularé la pregunta ¿Has hecho algo que tú creas que no es malo pero que al resto de los mortales y especialmente al comisario Enric Dávila les parecería malo?

—Podría ser —reconoció el inspector Giralt—. Creo que es por el accidente con el envenenador.

—No es un accidente golpear a un sospechoso.

—Si lo dices así, suena feo —admitió sin tomarle en serio».

Hasta dispara al asesino de su querida hermana Eva.

«… Dime una cosa César Giralt, ¿de verdad disparaste a Diego Casado en defensa propia? ¿O no pudiste soportar la idea de que hubiese matado de hambre a tu hermana tras violarla, y decidiste volarle la frente a sangre fría?».

O se mete en la investigación de otra comisaria cuando ve las consecuencias de sus decisiones o sus actos.

«Sabía que no había hecho mal al negarle su ayuda, ya que era lo que la lógica dictaba. Meterse en la investigación de un compañero sin un buen motivo era una completa locura. La pregunta era: ¿Seguía siendo una locura tras el suicidio de Celia?».

 

Silvia Giralt

Su sobrina, la hija de Eva, es la única familia real que le queda al pobre y desolado inspector. Su relación es más como un padre y una hija, aunque también podríamos comprarlos con el Inspector Gadget y Sophie.

Las indudables dotes de investigación de César son reforzadas por la presencia de Silvia, siempre ayudando o dando alguna pista en el momento adecuado.

«—A lo mejor hay alguien que se arriesgaría a ayudarte —dijo la chica al mismo tiempo que dejaba salir el humo de su boca.

—Gabi tampoco puede hacer nada ahí. Son comisarías diferentes.

—Quizás un amigo… —pensaba ella en voz alta.

—Ya te lo he dicho, tengo menos amigos que enemigos.

—No me refiero a un amigo tuyo».

Silvia es inteligente y muy madura para su edad. A fin de cuentas, ha sufrido la pérdida de su madre y los maltratos constantes de un padre borracho, por lo que su relación con el inspector se refuerza más allá de los lazos de sangre y se convierte en una necesidad de apoyo mutuo.

 

Actualidad y humor

Un detalle maravilloso de la novela que nos saca más de unas risas, dejando aparte el particular carácter del inspector, son las referencias a los clichés de los antiguos detectives. Si no miramos con atención, podemos llegar a pensar que el autor se ha dejado llevar por los estereotipos de los grandes investigadores de la televisión.

«—Soy inspector de policía.

—¡Vaya! Nunca lo hubiese adivinado. Pensaba que llevaban ustedes gabardina.

—Sí, pero eso era en Chicago en los años cincuenta».

«…Gabriel tiene un caso —le corrigió—. Tú te pasas el día en el despacho haciendo el vago.

—Y comiendo donuts, soy un cliché viviente —Mostró orgulloso su rosquilla mordisqueada».

Y ya no hablemos de las referencias a la España actual, o al menos, la España del 2012, que solo unos meses después de la elección del actual presidente del Gobierno.

«— Esfuérzate, a ver si arreglas el país.

– Me temo que ese enfermo está en fase terminal».

«—Está rota. Lleva sin sonido una semana más o menos.

—¿No piensa arreglarla?

—Pues sí. Pero Rajoy me quita cada vez más dinero, así que tengo que esperar al mes que viene. Las medicinas las estoy pagando a un euro por receta».

 

Control de la trama y buena planificación

Una novela de detectives no es fácil de crear. El autor tiene que tener muy claros los personajes, la cronología y la sucesión de los hechos que guían al protagonista hasta el malo de la película. O en este caso, al ruso del contrabando.

Lo que a simple vista nos parece un suicidio de un inspector de los Mossos, al más puro estilo de un caso rutinario de Sherlock Holmes, se convierte en una recreación de los pasos que dio Marcos Vidal días antes de su muerte, guiando a César Giralt como un fantasma hacia sus asesinos.

«César probó suerte con la foto de Marcos Vidal.

—A éste chico sí que le he visto.

[…]

—¿Está segura de que era él?

—Sí, sí —aseguró la mujer—. Me dijo que era policía. Me hizo algunas preguntas cuando se topó conmigo en el descansillo del edificio.

[…]

—¿Recuerda sobre qué le preguntó?

—Iba buscando a un hombre.

—¿Recuerda a quién? —preguntó César, tratando de sonar relajado.

[…]

—No puedo recordarlo —dijo tras unos segundos de silencio—. Era un nombre raro, nunca lo había oído antes. Un nombre extranjero».

 

Los contras

Demasiado tell y poco show

Cuando se comienza una historia, se tienen tantos, pero tantísimos datos sobre los personajes que da la impresión de que no hay tiempo físico ni espacial en la obra para contar todo, para decirle al lector cuán profundo es el personaje que tiene delante. Entonces, ¿qué ocurre?

Se nos dice una, y otra, y otra vez, lo genial que es este personaje, sus idas y venidas en su mente, o peor, nos relata su personalidad en un párrafo. No hay sitio a la imaginación, todo viene mascado y redigerido.

«Gabriel no quería que Miranda les hiciese la cena. Le parecía un tanto machista el hecho, por lo que su esposa tuvo que convencerle de que lo hacía para dar una buena impresión a César, y que lo hacía gustosa y por su bien, ya que sabía que ambos eran sendos desastres cocinando».

«El subinspector Gabriel Pérez trataba de aportar cordura al asunto. Cuando algo se salía fuera de los límites de la realidad, él era el que trataba de trazar un cerco a tiempo para que no terminase de escaparse. […] Gabriel creía que su hermético compañero trataba de demostrarse así mismo de algún modo, que todavía podía no fallarle a aquella chica, pese a que ya no estuviese en este mundo».

Todo esto, en vez de ralentizar la narración con los deseos del bueno de Gabriel, habría sido mejor demostrarlo, dejarnos que nos diéramos cuenta de cómo es la relación entre ambos, de la personalidad de cada uno; permitir al lector ver qué ocurre entre ellos en vez de ocupar párrafos y párrafos con sus dudas. Lo cual nos lleva a…

 

Narración, repetición y reiterar lo obvio

Está bien que al principio se nos recuerde de vez en cuando cómo se llaman los personajes. Es más, en una novela de este calibre, donde debemos recordar nombres de rusos, testigos, hijos de policías, inspectores y suicidas con más de 5 años de antigüedad, está bien un pequeño recordatorio.

Pero, a pesar de que hay un sinnúmero de personajes que desfilan por esas páginas, siempre están algunos fijos, que son los que hacen avanzar la trama. Por lo tanto, no necesitamos que nos recuerden su nombre, su apellido y su rango mil veces, no en un capítulo, sino en un mismo párrafo.

«Enric Dávila miró a César Giralt de arriba abajo sin decir ni una palabra».

«Sabía que César Giralt también lo sabía».

«El comisario se levantó de su asiento de cuero negro y estrechó fuertemente la mano de César Giralt».

«—Me cago en la puta, Gabriel Pérez, son las dos de la mañana, ¿qué tripa se te ha roto?».

La reiterada enunciación de los nombres completos de los protagonistas no es más que una ralentización de la narrativa, que ya es de por sí lenta y en algunos puntos tediosa.

 

Errores que necesitan una pronta revisión

Por supuesto la novela también cuenta con diversos errores tipográficos o pequeñas faltas de atención por parte del autor, además de que en algunas ocasiones el lenguaje que utiliza nos saca bastante de contexto y del ambiente que ha creado. Nos quita de un golpe de la investigación para dejarnos confusos, pero esto en el fondo son fallos menores que se podrían haber solucionado con una revisión.

Entre ellos, se pueden incluir muchos errores a la hora de puntuar los diálogos o la escritura de la palabra “Mossos” en minúscula, la falta de comas en los vocativos…

«—Tanya Korova… Pero esa mujer debe de tener noventa años —dijo César, pensando en que Mihail Korovin tenía cuarenta y seis— ¿Por qué querría una madre perjudicar a su hijo?», falta un punto tras la raya de cierre del diálogo.

«—Había trabajado todo el día, —relató— y por la noche, estaba tomando algo en la ciudad con una amiga cuando recibí la llamada de los mossos, me dijeron que volviese a casa cuanto antes —su voz comenzó a temblar, al igual que su dura coraza— ¿Sabes lo que es conducir veinte kilómetros sabiendo que se dirige a un destino que parece totalmente irreal?». Lo correcto sería: «día —relató—,» y «antes. —Su voz (…) coraza—.».

Dalia Torres

Perfecta, pelirroja, inteligente, audaz, temperamental. ¿Demasiado perfecta? Sí.

Dalia comienza como un personaje maravilloso que busca la justicia por la muerte de su amigo Marcos Vidal y decae según conocemos más de ella. ¿Por qué? Porque en seguida se ve por qué está en la trama.

Dalia es la luz en la vida de César, la que podría sacarle de ese pozo de miseria en el que se ha metido él solito. Pero está comprometida, y de repente no. Porque, casualidades de la vida, rompe su compromiso días después de conocer a César y esa misma noche saltan las chispas y aparece una de las cosas más predecibles de la novela: la escena de sexo.

«[…] Comenzó a besar su rodilla compulsivamente […]».

Sin duda, esa escena necesita un buen repaso en cuanto a la narrativa. Como dije anteriormente hay una utilización muy inapropiada del vocabulario. Pero al margen de esto y de lo poco coherente que es el contexto en el que se sucede esta escena, Dalia es una decepción de arriba abajo.

Incluir en la trama a una mujer brillante como nos hace creer para descubrir finalmente que no es más que la típica mujer emocional que se ha enamorado del portentoso inspector Giralt en unos pocos días no es creíble. Es un convencionalismo muy prescindible sobre todo si se tiene planeado hacer una segunda novela y, por ende, continuar con la exploración y evolución de los personajes.

Críticas creativas: La pieza invisible

Mi PoV

Es una novela entretenida por momentos, no voy a mentir. Tal vez demasiado lenta y repetitiva. Pero te va enganchando por lo bien construida que está la intrincada trama de suicidios/asesinatos. Y cómo llegan hasta la verdad, que, aunque predecible,es emocionante debido al increíble clímax que se forma alrededor.

Además, el epílogo es una maravillosa llamada a leer la posible segunda novela, no por el personaje que reaparece de entre los muertos, sino por la curiosidad. ¿Cómo reaccionará César Giralt? ¿Qué evolución tendrá el personaje?

No puedo negar que hay que tener paciencia para leer La Pieza Invisible. Pero el autor tiene muchísimo potencial y un control de la trama envidiable que podría hacer las delicias de cualquier aficionado a la novela negra o de detectives. Revisable, pero recomendable.

 

Nuestra pregunta

¿Hasta que punto está justificado saltarse la ley por hacer lo que uno cree que es correcto?

 

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Author

24 años, Pontevedra. Historiadora del arte, colaboradora en PontevedraViva y cuando no muero entre estrés y café, crítico en Literup

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