Críticas creativas: ‘Sexo, sudor y lágrimas’

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El Libro del Escritor os trae una nueva crítica creativa (si desconoces qué diferencias hay con una reseña, este artículo es para ti)

 

Como en otras ocasiones, os recordamos que estas críticas se disfrutan más si se ha leído el libro o se está haciendo lectura simultánea, para poder entender todos los elementos que aquí se explican con el texto delante. Hay un enlace a Amazon para comprar el libro al final del artículo.

 

En esta entrada analizamos Sexo, sudor y lágrimas, una novela intimista con la que exploraremos el origen de las fijaciones sexuales de su protagonista.

 

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Sexo, sudor y lágrimas

Empezaremos con una breve sinopsis:

Sexo, sudor y lágrimas es una ventana al mundo de Javier, un hombre que trata de elaborar y superar los abusos sufridos durante su infancia por parte de su niñera, de la cual todavía está emocionalmente prendado.

Javier Muñoz Livio, poeta y narrador, ha sido finalista de varios premios literarios.

 

Los pros

El personaje protagonista

Es difícil encontrar un protagonista que nos sorprenda, incluso en novelas narradas en primera persona. Javier tiene personalidad, presencia y carisma. Está muy cerca de dar el paso de personaje a persona de carne y hueso.

 

El autor se apoya acertadamente en la narración en presente y consigue darle una voz propia. Esto queda patente en las buenas líneas de diálogo del protagonista, aunque en general todos los diálogos de Sexo, sudor y lágrimas son interesantes, desinhibidos y ágiles.

Cuando Mireia aparece en mi retina mi corazón es un preso anarquista a punto ser fusilado. Y en aquel furtivo desequilibrio emocional, mi vida pasa en sentido inverso a las manecillas de un reloj.

Pienso en la tristeza, en la vida de toda mi tristeza y termino agotado en la suciedad de los años donde el verdugo agita sus recuerdos como carísimos colgantes en el cuello de una dama.

Las escenas de sexo

La novela está repleta de escenas de sexo. Y cuando no es así, el protagonista está pensando en sexo o inmerso en algún diálogo salpicado de referencias sexuales.

 

A pesar de ello, no me he sentido saturado por este tipo de referencias recurrentes, y eso es mérito del autor al saber llevar con naturalidad y originalidad este peculiar contenido.

 

Sexo, sudor y lágrimas no pertenece, en mi opinión, al género erótico, o a la idea que uno puede tener, a priori, de este género (lo cual no es un pro ni un contra). Es más bien intimista, la novela es reflejo de los pensamientos de su protagonista.

Es un perfume comestible, un abismo que se cuela en mi garganta y a veces se aloja en mi corazón llameante y se expande como un paisaje sediento. Mireia se mueve y sus pétalos empiezan a brillar, es el rocío del interior que lubrica todo lo que hay alrededor.

(…) no creo en el amor sin sexo ni en la tiranía de un orgasmo fuera de mis labios. Saber amar es lo más parecido al dolor y no amar es vivir en las catacumbas del infierno.

Lirismo

Tenemos a un personaje excepcional y un acertado manejo de sus pasiones. A estos dos elementos se le suma que tanto las reflexiones (a veces profundas, a veces humorísticas) como la narrativa que sirve de tejido conjuntivo de la novela están imbuidas por una prosa poética que cumple perfectamente su función como eficaz transmisora de las emociones y sentimientos de Javier.

 

Gracias a eso se consiguen muy buenos pasajes, como cuando Javier reúne fuerzas para confesarse ante Mireia y reprocharle sus abusos.

Extiendo el portátil como un libro que ha perdido su grandeza. Empiezo a contemplar mis últimos versos. Este caos es mi vida. Sin embargo, durante un formidable dolor, puedo observar cómo algunas flores no han perdido su belleza…

Lo malo de la muerte es que no se lleva lo material. Debería llevarse todo. Dejar este lugar vacío. ¿Si Adelina ya no vive, qué sentido tienen sus cosas?

Y entre tanto, releo otra carta y cada palabra es más y más mía y también más catastrófica cuando comprendo que ya no estás. Es por eso que a partir de este momento esas cartas conservan los latidos de tu corazón… y ahora los minutos tienen esa amplísima claridad del recuerdo y haga lo que haga, incluso lo que no haga tendrá en mis sístoles y diástoles un agarrotado nerviosismo.

Soy feliz y Adelina arroja pétalos en mis manos cuando pienso en ella, llueve aquel aroma sobre mis ojos y el sol brilla en las huellas que dejó su sombra.

 

Los contras

Erratas, errores y malas decisiones

La novela parece no haber sufrido corrección alguna. Tildes desaparecidas, faltas de ortografía, malas construcciones, citas sin comillas y multitud de lapsus calami campan a sus anchas como pequeños roedores entre el grano de un rebosante granero abandonado.

“(…) como si mis cuerdas vocales jamás hubieran probado el agua ardiente”. Las cuerdas vocales se encuentran en la faringe. Si prueban algún líquido, es que te has atragantado.

“(…) su líquido seminal rebalsándose por todos lados”. El problema de esta frase es que se refiere a un mujer, la cual obviamente no segrega líquido seminal.

“tendrán una media de 15 años mayor que yo”. 15 años más, no mayor.

“de nuevo esa frase aparece en el cielo, exacta, rugosa, inquebrable…” Inquebrantable.

“si yo tuviera un pene más grande, mi semen sería más numeroso”. Eso no es correcto. El pene es solo, digámoslo así, el conducto de salida.

 

Puntuación y tildes

En numerosas frases se dejaron sin poner signos de puntuación, y existe un verdadero problema con las tildes de los pronombres y adverbios interrogativos. Los diálogos están sistemáticamente mal puntuados, en especial cuando se incluyen acotaciones.

“(…) «heterosexuales» y «bisexuales». Soy bisexual.” Falta un punto.

“¡Demonios! esta experiencia comienza a ser cruel”. Mayúsculas tras punto.

“(…) encender una luz: Roja, si…” Minúscula tras dos puntos.

 

Otro grave problema que afecta a la lectura es el del de las comas:

“Yo creo que no Mireia,” Falta coma antes del nombre, es un vocativo.

“La edad no perdona corazón”. Exactamente igual, “corazón” es un vocativo.

La novela está sobreornamentada con diferentes tipos, tamaños y colores de fuente. El producto de este esfuerzo no me ha resultado atractivo, más bien lo contrario. Además, existe un frecuente uso de la cursiva sin un criterio claro, cuando no directamente erróneo.

 

Errores de documentación

Al inicio de cada capítulo se presenta una cita de un autor de la Grecia clásica. Este recurso es positivo para la novela… siempre y cuando uno no confunda citas y autores.

 

La cita de Platón que encabeza el primer capítulo está mal transcrita. Falta un “no” que hace que el significado sea el opuesto al original.

No hay hombre tan cobarde a quien el amor (no) haga valiente y transforme en héroe.

Sucede algo similar con la que acompaña al segundo capítulo, que dice:

La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder.

Cuando debería decir:

La historia cuenta lo que sucedió, la poesía lo que podría haber sucedido.

La del tercer y último capítulo está correctamente plasmada, pero no es de Aristóteles, sino de Sócrates.

 

Narrador y tiempo verbal

El error más importante de la novela, sin embargo, lo encontramos a la hora de analizar el narrador y el tiempo verbal utilizados. O, mejor dicho, a los narradores y los tiempos verbales utilizados.

 

Hemos mencionado que la novela está escrita en primera persona y en presente. Bien, esto es así… en gran parte.

 

Javier salta en su discurso del presente al pasado y viceversa, sin ningún motivo o justificación aparente, ¡incluso dentro de la misma frase!

(…) esa honorable costumbre se fue al traste cuando vi la hora, es tardísimo.

 

En cuanto a la perspectiva del narrador, no solo entramos y salimos arbitrariamente de la primera persona a una tercera omnisciente, sino que además llegamos a leer trozos de narración en primera persona procedentes de otros personajes distintos a Javier, lo cual rompe totalmente con la coherencia de percepción del argumento.

Mireia entró al baño, se bajó el short (no lleva ropa interior) abrió el libro en una página al azar. Leyó:

Mi adjunta se quedó en el salón. Después de 10 minutos Mireia apareció nerviosa, mareada por un dolor de cabeza y preocupada por el retraso.

En ese momento sonó el móvil de Mireia, era Mapi. Ella se apartó al extremo del pasillo.

En los tres casos, Javier aporta datos que no debería conocer.

 

La transición de tercera persona a primera es tan ruda que hasta Javier se ve obligado a decirle al lector: “Hola, estoy de vuelta”.

Mireia enciende otro cigarrillo. Yo, llego al portal.

 

O, rizando el rizo, el autor crea un narrador omnisciente en primera persona que no logra “descifrar” lo que dice Mireia. Nota: en esta escena, Javier, el protagonista, no está en casa.

Mireia tiró el móvil a su cama, musitó un leve insultó que no llegué a descifrar.

 

Es como si el avatar de Javier estuviese en la habitación de Mireia contándonos la historia en esta pasmosa amalgama de narradores. Porque no cabe duda de que este narrador que se entromete en la novela es el mismo Javier, y no un narrador neutro de apoyo tipo voz en off.

 

El esperpento narrativo se acentúa conforme llegamos al final del libro, donde la mente de Javier se desdobla en hasta tres narradores diferentes, creando un verdadero caos informativo cuando luego debe fingir no conocer detalles de la trama que ya nos ha narrado uno de sus alter ego narrativos.

 

Es especialmente revelador que el autor no nos muestre la escena en la que Mapi cuenta a Javier su aventura con Abelardo. No lo hace porque sonaría artificioso y redundante narrar a Javier sorprendido por una información que el avatar de Javier (el narrador omnisciente que tiene la misma voz que Javier) ya nos ha aportado (aunque oficialmente la desconozca).

 

Otros momentos insólitos ocurren cuando, durante la narración en primera persona, al autor le conviene que el tiempo pase más deprisa. Entonces nos encontramos con elementos como:

24 horas después

30 minutos después, Mireia y Javier salen de la funeraria.

Después de hablar con mí adjunta…

Además, ni siquiera siguen el mismo formato de estilo ni perspectiva. Es una forma muy perezosa de hilar el argumento.

 

Fluidez del argumento

La trama de la novela abarca un periodo de tiempo limitado (un mes). El trasfondo lo ponen los recuerdos de Javier, con los que exploramos su pasado (remoto y reciente).

 

El problema llega cuando el autor no acierta a encajar sobre el papel las vivencias de Javier.

 

Adelina

Al comenzar el segundo tercio de novela nos enteramos de la muerte de Adelina, la cual estaba enferma y al parecer tenía un peso capital en la vida de Javier, tanto que todo el segundo tercio de la novela trata sobre la profunda pena que este hecho ha causado en él. Lo curioso es que hasta entonces no se había mencionado la existencia de Adelina más que como su vecina.

 

La aguda tristeza que siente Javier por su muerte llega a ser caricaturesca, es prácticamente un deus-ex que más que añadir matices, molesta, porque el lector no está preparado para asumir que ese personaje salido de la nada vaya a marcar los tiempos del resto de la novela.

 

Además, mientras Javier lee viejas cartas de Adelina, nos damos cuenta de que hay algo que, como una bola de nieve, viene agrandándose desde el inicio de la historia, y es que todos los personajes se expresan del mismo modo, con las mismas manías del lenguaje, las mismas muletillas y el mismo tono. Con Adelina se nota más porque sus testimonios son escritos (las cartas).

 

La fuerte personalidad del protagonista se contagia a todos los demás personajes, que carecen de una propia (otra cosa son las motivaciones vitales de cada uno, que sí son diferentes).

 

La mezcla llega a tal punto que el autor se confunde y pone en boca de Mapi comentarios propios de Mireia (por ejemplo, en un momento dado Javier y Mireia discuten sobre metáforas, pero más tarde es Mapi quien vuelve a sacar el tema para continuar con la discusión).

 

La biografía que alcanza el momento en que uno la está escribiendo

Al final del segundo capítulo asistimos a un evento harto peculiar. Javier se pone a releer un Word en el que está escribiendo su biografía.

 

Aquí Javier nos cuenta cosas que tanto él como nosotros ya sabemos (porque ya nos lo ha ido contando a lo largo de la historia), perjudicando el ritmo de la novela con un vacío informativo que, como mucho, aporta ciertos sentimientos descontextualizados.

 

Javier lee (y nosotros con él) un texto que habla sobre cómo se sentía hace años con respecto a sus padres, pero sin aportar cosas nuevas que nos ayuden a entender mejor su situación actual.

 

El final

La novela no tiene un buen final. De hecho, no tiene final. Termina con un descarado “continuará” que nos priva de haber vivido una experiencia completa y con un sentido de conclusión.

 

Con la llegada del no-final somos conscientes de que el protagonista ya había mostrado todas sus cartas a mitad de novela: Javier es un personaje carismático pero pasivo.

 

A medida que se acerca el final también aumentan los errores de tecleo y las frases descuidadas, lo que da mayor sensación de ser un final apurado o demasiado improvisado.

Sexo, sudor y lágrimas

Mi PoV

Sexo, sudor y lágrimas parece narrado por impulsos. Es una lástima que el libro quiera expresar emociones tan potentes, y el autor sepa manejar las palabras adecuadas, pero falle luego en la gramática y la ortografía.

 

Concebir una narración en 1º persona presente que se convierte en 1º persona pasado, la cual deriva en 3º persona con toques de 1º persona de otros personajes secundarios no es un recurso narrativo (al menos no en esta novela), es mala planificación o falta de capacidad de trabajo.

 

Las normas están para romperlas. Es obligatorio para un artista (sea cual sea su rama) ignorar todo canon preestablecido y crear algo nuevo a partir de los cristales rotos de lo convencional. Pero ello no implica que toda ruptura dé lugar a armonía, belleza y éxito, es decir, esa transgresión debe ser un recurso del autor para ayudarle a alcanzar algo que no podría conseguir de otro modo.

 

En esta novela dicha ruptura únicamente causa confusión, pues no aporta significado ni a los pasajes en los que se aparece ni al conjunto del libro, es solo un caos incomprensible (a nivel estilístico, me refiero) similar al que ocurre con la puntuación de las acotaciones en los diálogos, ora separadas con guiones, ora con comas o simplemente en bloque.

 

Nuestra pregunta

¿Bajo qué circunstancias justificarías la alternancia de dos modos de narración en la misma novela?

 

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*Sexo, sudor y lágrimas aparece en Amazon con este otro título. Sin embargo, es la misma novela.

35 años. Biólogo y escritor.

Discussion1 comentario

  1. Uno de los casos que mejor recuerdo es “Desde donde llamo” de Raymond Carver. En este cuento el protagonista alterna entre dos tiempos verbales en la medida en que acude a historias para explicar el presente.

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