Una vez más, El Libro del Escritor os trae una nueva crítica creativa (si desconoces qué diferencias hay con una reseña, este artículo es para ti)

 

Como en otras ocasiones, os recordamos que estas críticas se disfrutan más si se ha leído el libro o se está haciendo lectura simultánea, para poder entender todos los elementos que aquí se explican con el texto delante. Hay un enlace a Amazon para comprar el libro al final del artículo.

 

Así pues, retomamos con fuerza nuestra sección de críticas creativas tras las fiestas navideñas presentando Flores para las ánimas, una novela policíaca ambientada en el París de principios del siglo XX, que muestra la ciudad conmocionada por una serie de homicidios, que esconden una historia oculta incluso para el propio asesino.

 

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Biblioteca de El Libro del Escritor: Flores para las ánimas

Empezaremos con una breve sinopsis:

La vida de Robespierre, un asesino en serie, cambia radicalmente cuando conoce a Lissette, una florista experta en el arte de la florigrafía. Desde ese momento, el comisario Legrand tendrá que buscar ayuda fuera del cuerpo de policía para seguir el juego del asesino.

Silvia G. Coillard es una escritora sevillana de 37 años con ascendencia hispano francesa. Flores para las ánimas es su primera novela, pero no su primera incursión en el mundo de la literatura. Ganadora del III Certamen de Relato Breve “Relatos con Zapatos” y del V Concurso “Triartes por la igualdad”, empieza a escribir también poesía desde muy pequeña, siendo la escritura su gran vocación.

 

Los pros

La trama

El primer capítulo no se anda con rodeos y nos presenta el inicio de un juego. Aún no conocemos mucho a los personajes, pero la autora ya los ha posicionado claramente dentro de la trama. La acción y los cambios de escenario despiertan nuestro interés, por lo que podemos decir que estamos ante un buen capítulo introductorio.

 

Otro de los puntos fuertes de la novela es la relación entre la trama y el contexto. El París de la época está fuertemente documentado y los detalles de las descripciones nos brindan un paseo espectacular. Además, el retrato de la sociedad, incluyendo el choque de clases, no sirve solo de decoración, sino que impulsa la narración. Lo que nos cuenta la autora no podría haber sucedido en otra época ni tampoco en otro lugar.

 

Estilo

Cuando hablamos de estilo, se suele decir que es difícil encontrar uno propio. En este caso, si bien es cierto que la autora utiliza una prosa más bien lírica a lo largo de la novela, al final queda la sensación de que ha utilizado todos los recursos preestablecidos de la misma (descripciones largas, adjetivación, recursos literarios, etc.) de un modo único y original.

 

Cabe añadir que este tipo de prosa necesita de un buen uso de sinónimos, que en la novela vemos correctos, aunque a veces se utilicen cultismos fuera del alcance de todos los públicos. Estas palabras, pese a que a veces se entiendan por el contexto, suelen ser innecesarias y sufren de exceso de lírica. Ya en la dedicatoria vemos “inmarcesible”, cuando se podría haber optado por “inmarchitable”, una palabra igual de válida que se entiende a la primera y no deja de ser bonita.

 

En los diálogos, la autora gusta de introducir reacciones o movimientos del receptor del discurso en medio de las palabras del emisor para agilizar la acción y, cuando nos acostumbramos a ello, funcionan perfectamente.

 

A pesar de que este tipo de estilo puede inclinar la balanza hacia un exceso de recursos literarios que entorpecen la lectura y nos parecen muy manidos, en este caso no es así. La autora crea metáforas preciosas y únicas, muy originales y, sobre todo, al servicio de la narración.

“El corazón galopaba desbocado hacia la meta”, página 256, para referirse a una muerte.

O en la página 236, por ejemplo, donde hay una comparación que se extiende durante dos párrafos en la que el invierno semeja un dragón. Esta metáfora podría parecer excesiva, pero hay acción relevante en la misma, y el invierno es importante a partir de esa escena. Además, como toda la novela tiene un estilo similar, es coherente, potente y acertada.

 

Sin embargo, la autora también exagera en algunas ocasiones, como cuando compara a Madame Colbert con una miembro del Olimpo demasiadas veces, o cuando hace una referencia a María Magdala como comparación que no acaba de entenderse muy bien (p.251).

 

Personajes

Los personajes son sin duda el pilar de esta historia, y uno de los puntos fuertes por excelencia. La diferenciación entre los mismos es clara, algo que no se ve en la mayoría de las obras noveles. Todos son muy reconocibles sin que sus características se muestren en exceso ni aparezcan caricaturizadas, como podría haber ocurrido con la descripción física de Laurent, que al final incluso queda justificada.

 

Ahora bien, aunque darle diferentes puntos de vista a la historia es la clave para que el relato funcione tan bien dentro de su género, a veces no es necesario focalizar en todos los personajes en una misma escena, porque se vuelve repetitiva sin aportar nueva información. Esto se da, por ejemplo, cuando el asesino lucha con el ayudante del comisario, y la autora nos narra lo mismo dos veces solo que desde los ojos de cada uno. No es algo que se repita en exceso a lo largo de la novela, pero no pasa desapercibido.

 

Escenas

La autora también muestra un alto grado de planificación a la hora de desarrollar todas las escenas, cuidando el ritmo y su relevancia dentro de la historia, y mostrándonos siempre una evolución tanto de la trama como de los personajes que la pueblan, así como de las justificaciones necesarias para los actos o pensamientos de los mismos.

 

Por último, nos encontramos con un epílogo que, en este caso, se utiliza de forma original, pues la autora lo aprovecha para contarnos algo que solo el asesino conoce, y que no podríamos haber sabido de otra forma. En él vemos que la culpa que arrastra durante toda la novela y que le impulsa a matar está más que justificada. El suceso trágico que se nos narra aquí ocurre no por acción, como imaginábamos, sino por pasión, o sea, por pasiva. Al no actuar, al no aceptar el amor, Robespierre pierde algo que solo volverá a encontrar en Lissette: la esperanza de volver a ser una persona capaz de amar.

 

Los contra

Errores puntuales

A pesar de que la autora utilice un narrador omnisciente durante toda la novela, en algunas ocasiones vemos como dicho narrador duda, cuando en realidad, al ser omnisciente, debería saberlo todo con certeza.

“Al segundo o tercer trago”, página 48; “ni un solo instante quizás”, página 292.

Como sabemos, desde la actualización que la RAE hizo en el 2011, “solo” ya no se escribe con acento. No obstante, esto ahora es una simple recomendación, pero no queríamos pasar por alto el hecho de que la autora no solo lo pone, sino que detrás de punto la escribe en minúscula, por lo que creo podemos achacarlo a un fallo externo, no lo sé.

 

Por último, señalar que al inicio del capítulo 6, Margot, la cabaretera, conoce una información cuando “el mundo aún no conoce la noticia” (página 107). Podríamos pensar que se la dice su interlocutor, que sí la sabe (al igual que los lectores), pero en ningún momento del encuentro le ha proporcionado dicha información.

 

También podríamos introducir en este apartado algunos excesos líricos que sacan de la lectura por innecesarios.

“Por completo paralizado, las palabras de su superior no trenzaron reprimenda sino la ansiada vía de escape, la bienaventurada redención”, página 35. “Respirantes”, página 72, en referencia, simplemente, a los vivos. “Hundía bandera cárdena”, página 132. “Tensionaron”, página 121, en vez de tensaron. Y la omisión de algunos artículos en favor de dicha lírica: “las lenguas más locuaces y (los) prolíficos rumores”, página 33. “Recibiría (la) visita”, página 48.

Signos de puntuación

Los signos de puntuación son utilizados por la autora para dar un ritmo pausado y una atmósfera de misterio e intriga a la novela, pero muchas veces comete errores por la misma razón, sobre todo en el uso de la coma: o faltan, o sobran.

 

Aquí algunos ejemplos de la falta de comas:

“La prudencia no obstante”, página 21. “El ayudante del Comisario no salía de su asombro, ante todo sin embargo”, página 116. “El individuo no obstante, permaneció sonriente”, página 351. “Charlotte se dispuso a protestar pero entonces, las palabras”, página 351.

Y aquí algunos ejemplos de coma entre sujeto y predicado, error grave que se repite de forma continua a lo largo del texto:

“Un chico embutido en sus pantalones cortos y calado con una boina demasiado grande para su cabeza, anunciaba a pleno pulmón”, página 32. “Las vestimentas de los difuntos […], terminaban”, página 36. “Al parecer, los intentos del Comisario por localizar al pintor tras la muerte de la cabaretera con la intención de interrogarle, habían sido en vano”, página 268.

Mayúsculas

El uso de las mayúsculas es un error que se repite hasta la saciedad en Flores para las ánimas. Encontramos muchas palabras escritas siempre de esta forma con la única justificación de que son palabras “importantes” o “claves” para la historia o la trama, pero que conforman un error ortográfico que los lectores no pasan por alto.

Muerte, Comisario, Amor, Agente (siempre antes de un nombre propio); y también “Juicio Final”, página 47, “Cumpleaños Feliz”, página 88, “Iglesia”, página 194, “Tribunal”, página 199, “Invierno”, página 236, o “Luz”, página 390.

Además, cuando los puntos suspensivos no cierran un enunciado, la palabra siguiente debe escribirse con minúscula inicial. En “necesitaría algo… cómo decirlo… ¿Más retorcido?”, página 17 caeríamos en un error, por poner solo un ejemplo.

 

Galicismos y anglicismos

La novela, al estar ambientada en París, da pie al uso de galicismos. Así, los nombres propios de lugares, por ejemplo, están escritos en francés. El problema viene cuando vemos que no existe uniformidad a la hora de escribir estos galicismos. A veces aparecen en cursiva, otras no; otras se usan en exceso o de forma arbitraria tras haber dado ya la traducción en español (que muchas veces está metida con calzador por el narrador o los personajes para que sepamos qué significa el nombre en francés sin tener que buscarlo), y otras veces funcionan como sinónimos, teniendo en el mismo párrafo tanto a “El Centinela Parisino” como a “Le Sentinelle Parisien”.

 

Lo mismo ocurre con los anglicismos que aparecen a causa del periodista Perceval Buttercup. Algunos ejemplos son: “restaurant del Boulevard Malesherbes”, página 9, pero “parque Monceau”, página 9; la palabra “bouquet”, que no está en el diccionario, y, pese a todo, la autora la utiliza incontables veces sin marca alguna, siendo la traducción al español: “buqué”. “Gentleman”, “of course”, página 26, o “Naturellement!”, página 29 son otros ejemplos.

 

Escena final

Por último, destacar que esta escena es la más débil, pese a corresponder con el desenlace. Los diálogos son largos e inverosímiles pues la escena demanda acción, que se ve interrumpida y confusamente descrita (cómo la puerta obstruye el paso después de ser destruida en la página 374 es algo que no se entiende). El asesino desaparece de la escena durante demasiado tiempo sin que nadie se percate, y el típico discurso del malo explicando sus planes no es necesario porque ya habíamos encajado todas las piezas del puzle antes.

 

Hubiera estado mejor que la autora nos hiciera una composición de lugar del despacho previa a esta escena si sabía que iba a jugar un papel tan importante. Aun así, este escena esconde pasajes muy buenos y ofrece claves importantísimas con respecto a la trama de la novela, como por ejemplo todo el octavo párrafo de la página 385 (“No olvide que fui yo […] No negará que tengo talento, ¿verdad?”) o el primer párrafo de la página 387 (“De alguna manera, […] desde su exilio involuntario”).

Críticas creativas: 'Flores para las ánimas'

Mi PoV

Desde siempre me han gustado las  novelas que, de una forma u otra, implican al lector aunque sea de forma sutil. Flores para las ánimas nos da esa opción si estamos lo suficientemente atentos como para aceptarla.

 

Las piezas del juego están colocadas en el tablero de forma magistral e imperceptible durante toda la historia, dando una sensación grata de estar leyendo algo completo, cuidado, planificado y profesional, como El ocho, de Katherine Neville, o La tabla de Flandes, de Arturo Pérez Reverte. Se puede participar de las teorías de los personajes y la sorpresa es mayúscula con cada nuevo giro de la trama. Además, los picos de acción están controlados y la autora nos deja respirar y pensar cuando es necesario.

 

Una novela de gran interés cuyos pequeños fallos no desmerecen su éxito.

 

Nuestra pregunta

¿Preferís ambientar una novela en lugares conocidos o en un sitio desconocido que requiera que os documentéis?

 

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Author

24 años. Filólogo hispánico y escritor. Corrector profesional. Máster de Educación Secundaria.

2 Comments

  1. ¡Buena crítica Blas! Me gusta el hecho de que hayas explicado bien lo de los personajes, y también lo de los signos de puntuación. Todas estas cosillas son fallos que yo no quiero cometer 😉

    • Blas Cabanilles Reply

      Un poco tarde pero te doy las gracias. Siempre intentamos enseñar desde la humildad para mejorar a la hora de escribir 🙂 Un abrazo

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