Críticas creativas: ‘El sueño del árbol’

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El Libro del Escritor os trae una nueva crítica creativa (si desconoces qué diferencias hay con una reseña, este artículo es para ti)

 

Como en otras ocasiones, os recordamos que estas críticas se disfrutan más si se ha leído el libro o se está haciendo lectura simultánea, para poder entender todos los elementos que aquí se explican con el texto delante. Hay un enlace a Amazon para comprar el libro al final del artículo.

 

Ya casi curada la resaca de la Semana Santa, volvemos con fuerza en la sección presentando la crítica creativa de El sueño del árbol, una novela que, a través de un personaje llamado Arnaldo, nos cuenta la historia de España y Filipinas a finales del siglo XIX y principios del XX.

 

Realizamos el sorteo de un ejemplar desde el martes 29 de marzo hasta el lunes 5 de abril en nuestra página de Facebook.

Críticas creativas: 'El sueño del árbol'

Empezaremos con una breve sinopsis:

Arnaldo es un niño gallego que siente la necesidad de ver mundo, y, gracias a su tío Ismael, que es fraile, viaja a Madrid. Tras una temporada, consigue acompañarle a las islas Filipinas. Allí creará un vínculo con una familia nativa y sobrevivirá a la guerra, regresando a España y descubriéndose dividido entre dos mundos por la familia, la muerte y el amor.

Sara Mañero Rodicio es licenciada en Filología Inglesa y Doctora en Filología Hispánica por la Universitat de València. Ha ganado el premio Fernández Abril de la Real Academia Española y ha colaborado en diversas traducciones y adaptaciones teatrales. Su otra novela, Mientras sorprendan los días, también salió en el año 2015.

 

Los pros

El protagonista

Uno de los puntos fuertes de la novela es su personaje protagonista. Al principio es un joven ansioso por ver mundo, curioso y dicharachero, que luego se convierte en alguien responsable y maduro, terminando en hombre bueno y de honor.

 

Pero solo los lectores sabemos que, en el fondo, solo es alguien que se ha dejado llevar, dividido entre dos mundos, que toma la única decisión vital de su historia cuando ya es demasiado tarde.

 

La autora consigue que el protagonista y el lector sean uno solo y, así, sufrimos y nos alegramos por él, pero lo más importante es que podemos acceder a su alma y encontrar en ella vestigios de la nuestra, pues hemos crecido juntos. Como ejemplo de la redondez del personaje, podemos apelar a su vuelta a Galicia para visitar a su familia biológica, en la página 276:

“Todo era igual. Todo distinto. O quizá era él quién no era ya el mismo, quien miraba la vida con ojos diferentes”.

Es un poco triste que tengamos que enterarnos de la suerte de Arnaldo por la historia paralela del 2011, pero al final vale la pena.

 

El sentimiento

La autora consigue que se despierten sentimientos fuertes en el lector al leer algunos pasajes de la novela, y esto es de agradecer, pues no hay nada peor que leer un texto que te deje impasible e indiferente. Los temas que trata, como la familia, la muerte, o el paso a la madurez son temas en los que podemos sentirnos identificados en un momento u otro de la historia y ayudan en lo dicho anteriormente.

“Ya casi no me acuerdo de ellos. Se me han borrado sus caras, como si hubiesen existido en otra vida, como si les hubiese imaginado”, Arnaldo hablando de su familia; y le contestan: “La familia siempre espera”, página 265.

Las últimas páginas con la decisión final de Arnaldo son sobrecogedoras y emocionantes y, aunque no sepamos casi de la familia que deja en Madrid, entendemos al protagonista porque lo hemos visto crecer y hemos crecido con él.

 

Documentación

Aunque en ocasiones innecesaria para la trama, la exhaustiva y minuciosa documentación por parte de la autora es exquisita y asombrosa, llegando a conocer todos los detalles navales del embarco a Filipinas y su relación en cuanto a asuntos militares, por poner un ejemplo:

“De cada batallón iban sesenta soldados con Mauser […] se quería sofocar la revuelta de las islas”, página 111.

O también su conocimiento del Madrid antiguo:

“Toda esta parte de Madrid, desde la Puerta de Santa Bárbara y los caminos de la Fuente Castellana y Chamartín […] o la casa de Muñoz, que aún existen allí abajo, acercándose al Buen Retiro”, página 66.

 

La historia

El capítulo 3 de Filipinas 1900 es un ejemplo de un capítulo que hace crecer y avanzar al protagonista en su historia (cómo cae prisionero, encuentra a sus amigos, se recupera y deben partir), y no ser solo la excusa para contar sucesos circunstanciales externos.

 

Los sucesos externos, como la guerra en este caso, le afectan directamente, lo cual ocurre pocas veces, pues Arnaldo suele ser el espectador. Además, el capítulo no se alarga con explicaciones históricas irrelevantes, por lo que se podría tomar este capítulo como ejemplo de un buen capítulo dentro de la novela.

 

Cuando la novela llega, digamos, al 75%, sus capítulos empiezan a acortarse y la autora no se anda con tantos detalles histórico-enciclopédicos (que alguno hay). Pero, al contrario de lo que podamos pensar, no resulta precipitado, sino que hace que el interés aumente y el ritmo de la narración nos atrape.

 

Cuando ya vamos llegando más al final, este cambio si afecta un poco negativamente a la historia, pero eso lo comentaremos más tarde.

 

Los signos de puntuación

Es necesario mencionar el buen uso de los signos de puntuación en toda la novela, incluso en los diálogos, y cómo la autora los utiliza en su propio beneficio. Un apartado como este siempre debería estar en “los pros”, pero, por desgracia, no suele ser así, por lo que es lícito mencionarlo en este caso.

 

De esta forma, los signos se utilizan para crear frases largas, descriptivas, y un ambiente lento y apacible que favorece el tono de la novela.

“De Arsenio, el primogénito, torpe en la escuela, pero hábil en la labranza; de sus paseos juntos bajo los helechos en busca de madrigueras; de las tardes de fines de mayo […] y Josefina, casi iguales aunque se llevasen algo más de un año, tan traviesas y ruidosas”, página 33.

 

Los contra

El índice

En el índice vemos cómo se repiten los números de los capítulos, pues el libro está dividido en partes según el año en que suceda la narración, y cada parte empieza con una numeración independiente.

 

Esto no sería un problema si no hubiera años que se repiten, o años que de pronto no son título de una parte nueva, sino que forman parte de otra, teniendo que mirar el número de la página en la que nos encontramos para poder orientarnos alguna que otra vez.

 

Enciclopedismo

Si bien hemos visto en el apartado “los pros” cómo el capítulo 4 de 1900 era ejemplo de buen capítulo, aquí tenemos que comentar cómo en el capítulo siguiente la liberación del protagonista y sus seres queridos parece solo una excusa para contar la vida del general que les libera, restando así carga dramática a la liberación, que es muy importante para la trama.

 

Es verdad que después este general tendrá su relevancia como conocido de Arnaldo, pero aun así podría haber ejercido la misma función sin tantos datos irrelevantes, pues esa es la sensación que le queda al lector.

 

Y es que a lo largo de la novela nos encontramos muchísimos momentos enciclopédicos. En el capítulo 4 del primer viaje a Filipinas, hay 6 páginas enteras donde los frailes hablan sobre José Rizal, héroe filipino, siendo esto largo y tedioso. Además, no afecta directamente al personaje. Estos, por el mismo trato enciclopedista, a veces saben fechas exactas como si se trataran de un noticiero, quitándoles su propia voz como personajes.

 Dice fray Joaquín sobre José Rizal en una conversación cotidiana: “El 29, el mismo día que leyeron la sentencia, abjuró de la masonería y declaró que deseaba morir como católico. A las tres de la madrugada del día 30, después de confesarse con el padre Villacorta, rezó el rosario y oyó misa. Luego, a las cinco y media…”, página 151.

 

El final

Siguiendo lo que hemos comentado en “Los pros” sobre el final de la historia, este cambio en la narración sí llega a afectar de forma negativa a la novela en el sentido de que, sí, estamos felices de ver a Arnaldo crecer hasta tan avanzada edad, sí, agradecemos esta lectura más llevadera despoblada de tanto detalle irrelevante, pero quizá nos hubiera gustado más como lectores que la autora se parase un poco en explicar ciertos pasajes que se cuentan solo de pasada, como por ejemplo la muerte del querido tío fray Ismael, que nos ha acompañado durante casi toda la novela, o cómo terminan otros personajes secundarios, aunque solo fuera por saber de su familia biológica en Galicia.

 

Creo que esto hubiera sido más interesante que no saber todos los gobernadores de Filipinas y todas las batallas de todas las guerras.

 

Capítulos finales

Al final, las cartas que escriben las dos mujeres de la vida de Arnaldo, para la poca información nueva que aportan, mejor hubiera sido que se contara de otra manera, porque quedan forzadas y falsas, al estar escritas solo para que el lector sepa ciertas cosas.

 

La mujer de Arnaldo en Madrid escribe a su hijo y le cuenta cosas que ya debería saber por haberlas vivido, y, aunque se descubra que le escribe al hijo muerto para desahogarse, la sensación de artificiosidad ya no nos la quita nadie, y tampoco es tan sorpresa al final que el hijo esté muerto, pudiendo decirse antes para empatizar más con el personaje.

 

Por otro lado, la carta que escribe su mujer de Filipinas no tiene remitente. La idea de mostrar los sentimientos de las dos mujeres de Arnaldo hubiera sido muy buena si hubieran contado cosas verdaderamente relevantes. Además, si estos capítulos sirven para aclarar parentescos con los personajes de Madrid 2011, al final esta noción se pierde entre generaciones y nombres de familiares, llegando a confundir.

 

Las motivaciones de Abra

Abra, la chica filipina de la historia de Madrid 2011, resulta que solo se había acercado al protagonista de esta parte de la historia, Gustavo, por conveniencia y por venganza. Esta maldad descubierta al final de la novela no tiene prácticamente justificación alguna.

 

Además, el que ella no sea lo que parecía ser no perjudica en exceso a la familia del 2011 ni tampoco la beneficia a ella en algo grande. El camino hasta llegar a descubrir su secreto es emocionante, pero, al final, como dice la autora en la última página:

“Esperaba otra cosa, es cierto”, página 356.

 

Errores 

Una de las virtudes de la novela es que apenas aparecen en ella errores de ortografía o de puntuación, como hemos dicho. Pero por esta misma razón los pocos que aparecen se ven con más facilidad:

“Dios, hijo y escríbenos”, falta una coma tras “hijo”, página 18.

“¡No tío!”, falta la coma para separar el vocativo, Página 183.

También aprovechamos este último ejemplo para decir que los diálogos suelen empezar con frases exclamativas, como si los personajes fueran actores de teatro.

 

Refranes

Cuando la autora utiliza algunos refranes en la historia de Madrid 2011, característicos del pensamiento de Gustavo, el protagonista, a veces los pone en cursiva y otras no, no dejando claro si esto se debe a que en algunos momentos el personaje cita a su madre o solo los piensa él por sí mismo.

 “Ella no tenía vela en este entierro. ¡Joder con las frasecitas!”, página 337.

“Como dice el refrán español, ojos que no ven,…”, página 354.

Críticas creativas: 'El sueño del árbol'

Mi PoV

El título de la novela El sueño del árbol resulta ser algo real dentro del mundo de la carpintería filipina y a la vez una metáfora del viaje de la vida de Arnaldo, el personaje protagonista. Este viaje, salvo por los contras ya mencionados, es una delicia, y solo nos queda agradecer a la autora que nos haya dejado acompañar a Arnaldo a lo largo de su historia.

 

Sí es verdad que la excesiva presentación de datos históricos irrelevantes enturbia un poco la narración, sobre todo si no se es capaz de hacer una lectura diagonal de los mismos a menos que te interesen especialmente, pero, como conclusión, podemos valorar positivamente la novela utilizando una oración que la autora nos brinda al final de la misma:

“Podía haber ido mejor, pero en conjunto, todo ha ido bien” (página 356).

 

Nuestra pregunta

¿Hasta dónde creéis que el contexto es necesario para dar realismo a los personajes de una historia?

 

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El sueño del árbol (Narrativa) (Tapa blanda)


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24 años. Filólogo hispánico y escritor. Corrector profesional. Máster de Educación Secundaria.

Discussion1 comentario

  1. ¡Hola! soy José María Pastor y me gustaría que te unieras a una charla (preguntas) a la autora el día 6 de octubre, sobre este libro y la semana siguiente una tertulia entre nosotros (sin la escritora) en Facebook.
    Veo que eres conocedor del lenguaje y, de verdad, me haría mucha ilusión contar contigo, creo que nos puedes aportar mucho. Si quieres más información https://goo.gl/OOR626 o en http://librosleidosycomentados.blogspot.com.es/
    Gracias por leer este mensaje y perdona el atrevimiento..

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